8 buenas razones para visitar Colombia

Cada vez más argentinos eligen Colombia para sus vacaciones. Historia, playas, fiestas tradicionales y gastronomía, en un recorrido por 8 atractivos destinos.

Parque Nacional Tayrona
Parque Nacional Tayrona. Colombia.

Una tierra de sol, café y esmeraldas marcada por la colonización española y la cultura de los pueblos originarios, visible en el Museo del Oro de Bogotá y en varias zonas arqueológicas del interior colombiano. Una geografía diversa que se asoma a los dos océanos -el Atlántico y el Pacífico- y está recorrida por tres cordilleras y un gran río, el Magdalena, que baja desde las costas del Caribe en el puerto de Barranquilla -famoso por su carnaval- hacia los valles del centro y sur colombiano. Los argentinos que llegan hasta Colombia frecuentan las alturas andinas de Bogotá, la belleza colonial de Cartagena sobre el Caribe, las playas de la isla San Andrés. Las grandes ciudades cercanas al Pacífico colombiano, como Medellín y Cali, son la patria chica del tango y la salsa, mientras la zona de las haciendas cafeteras no está tan lejos, en las alturas de Manizales y Pereira.

Hay otros sitios que merecen la visita. En la zona caribeña, Santa Marta con la Sierra Nevada y el Parque Nacional Tayrona. En la región de Huila, el sur colombiano, el valle medio del río Magdalena espera a los entusiastas del ecoturismo con sus paisajes selváticos y la riqueza del parque arqueológico San Agustín.

En Colombia el clima está relacionado con la altitud -a 2.000 metros, es templado- pero también con la época de lluvias, realmente no hay estaciones del año. Los mejores meses para viajar van de diciembre a febrero, son los más secos, el calor y la humedad se soportan mejor

1. Bogotá. Ubicada a 2.600 metros de altura, al borde de la Cordillera Oriental, la capital del país es una urbe de ocho millones de habitantes donde se unen la historia y la modernidad, con importantes edificios coloniales y museos. El barrio de La Candelaria, eje del casco antiguo de Bogotá, reúne iglesias y palacios virreinales alrededor de la Plaza Bolívar, aquí los franciscanos y jesuitas crearon colegios que harían famosa a Bogotá como centro universitario. Es casi obligada una visita al Museo del Oro, en el mismo barrio, con su colección de más de 35.000 joyas creadas por las culturas precolombinas, entre ellas las etnias muisca, tayrona, zenú, quimbaya, uraba y tumbaco. La sede presidencial, el Palacio de Nariño, tiene una gran colección de arte contemporáneo colombiano. Frente a la plazuela de Rufino Cuervo está la casa de la amante de Simón Bolívar, Manuela Sáenz, donde hoy funciona el museo de trajes regionales. A pocos metros está el Palacio de San Carlos, donde Bolívar sufrió un intento de asesinato en 1828. También en este barrio está la Casa de la Moneda, data de 1620 y fue la primera en acuñar monedas de oro y plata en Sudamérica. En el mismo edificio funciona el Museo Botero, con obras del célebre artista colombiano. Y casi enfrente, el Centro Cultural García Márquez.

En las afueras, la “catedral de la sal” de Zipaquira es una de las grandes atracciones turísticas, los visitantes bajan a 180 metros de profundidad y pueden ver la gran cúpula, la nave central de la iglesia y las 14 estaciones del Via Crucis, talladas en una antigua mina de sal.

2. San Andrés. Con sus playas de arenas finas y aguas ideales para bucear, con innumerables hoteles de cadenas internacionales, shoppings y una mezcla de culturas afroantillanas de habla inglesa, las islas del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina -en el mar Caribe a 700 km de la costa norte de Colombia y a 180 km al este de Nicaragua- son probablemente el destino turístico más visitado del país. San Andrés es más grande y desarrollada que las demás, pero todas las islas son una reserva natural protegida por su fauna y flora. Los 11 km de largo de la isla San Andrés están hechos de coral y trepan hasta los 120 metros de altura, con rincones pintorescos como la Cueva del pirata Morgan, el Hoyo Soplador, la Piscinita, la Casa Museo Isleña, una iglesia bautista de 1847 y, por supuesto, la zona de playas espectaculares en Spratt Bight y San Luis. La isla de San Andrés es famosa en Colombia por sus estilos musicales, que van desde el calypso al reggae y la música sacra que se interpreta en las iglesias, también hay conciertos en el Old Coliseum. No faltan barcos de excursión hacia la zona de cayos, como Johnny Cay, El Acuario, o Haynes Cay.

De origen volcánico y sembrada de barreras coralinas, la isla Providence es más tranquila, no tiene edificios altos de departamentos, tampoco shoppings. Pero hay playas salvajes como Manzanillo y vistas imponentes desde sitios como Casabaja y Aguamansa. Para bucear, Cayo Cangrejo es uno de los sitios recomendables. La pequeña isla de Santa Catalina está unida a Providencia por el “malecón de los enamorados”, un puente que conduce hacia el santuario de la Virgen, con imponentes vistas panorámicas de ambas islas.

3. Cartagena. Además de ser el destino turístico más visitado de Colombia, considerado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad desde 1984, Cartagena es una ecléctica unión de culturas, comidas y música de origen caribeño, africano y español. Fundada en 1533 por el conquistador español Pedro de Heredia, Cartagena fue la plaza fuerte militar más importante de España en Sudamérica, asediada por piratas ingleses y franceses ya que aquí se comerciaba con las riquezas americanas y se embarcaba el oro y la plata hacia Cádiz. De aquel esplendor que duró hasta comienzos del siglo XIX sobrevivió el corazón colonial de la ciudad, encerrado entre los 12 km de murallas. Es un laberinto de calles empedradas, plazas, iglesias, mansiones y conventos donde convivían aristócratas criollos, soldados y esclavos africanos. El barrio de San Diego, la Plaza de Santo Domingo, el barrio de Getsemani, la Puerta del Reloj, el famoso Castillo de San Felipe, la plaza de Bolívar, son algunos de los sitios imperdibles. Vale la pena tomar un café a la noche frente a la iglesia de Santo Domingo, o recorrer el casco antiguo en un coche de caballos. Más allá de la ciudad amurallada, Cartagena tiene un centro moderno con hoteles de cadenas internacionales y modernos centros de compras. El puerto recibe más de 200 cruceros por año.

4. Isla de Barú y Parque Nacional Corales del Rosario. No hay que confundirlas, aunque los barcos que salen del muelle turístico de Cartagena van tocando sus playas más concurridas. Ubicada a 40 km de Cartagena, la isla de Barú es conocida por Playa Blanca, un sitio público donde se puede practicar buceo y los isleños atienden puestos de comidas y artesanías, allí se puede disfrutar de las langostas, mariscos y arroz con camarones. También en Barú, pero en la zona de Playa Portonaito, hay un hotel con servicios “all inclusive” de la cadena Decameron, para aquellos dispuestos a quedarse unos días.

A casi 50 km de Cartagena está el Parque Nacional Corales del Rosario, un grupo de treinta islas, pobladas de bosques y playas. Es ideal para fotografiar aves y delfines en el Oceanario Islas del Rosario y en el Museo de la Vida Marina. Rosario y Tesoro son islas accesibles para quienes van a pasar el día -tiene lagunas interiores conectadas al mar- pero se necesita un permiso especial si la idea es acampar por varios días. Lo mismo vale para la isla San Bernardo, famosa por sus playas.

5. Santa Marta y Parque Nacional Tayrona. Fundada en 1525 por los conquistadores españoles, Santa Marta es la ciudad más antigua del país y un puerto puerto clave en el Caribe colombiano, ubicado en una bahía rodeada de acantilados y montañas sobre la desembocadura del río Manzanares. A unos 50 km al este se ven las cumbres de la Sierra Nevada, custodiadas por el parque nacional Tayrona. Fue en la quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, donde murió el libertador Simón Bolívar en 1830, el sitio es hoy un museo muy visitado. En el casco histórico de Santa Marta se lucen la Casa de la Aduana, la catedral y la filial local del Museo del Oro, mientras el paseo público por el malecón invita a detenerse ante el faro de El Morro y seguir hasta la playa El Rodadero. Desde Santa Marta hay excursiones a Aracataca, pueblo natal del escritor Gabriel García Márquez a 60 km. Santa Marta es también la base para excursiones al Parque Nacional Tayrona, donde no faltan playas frecuentadas por mochileros europeos y estadounidenses, como La Piscina o Cabo San Juan de Guía, casi escondidas entre los selváticos caminos del parque. Hay cabañas, pocas y muy exclusivas en el interior del parque para quienes quieran quedarse una noche. Para los más audaces, está la aventura de trepar por la Sierra Nevada durante cinco días de marcha para llegar a la Ciudad Perdida de los indios tayrona

6. Medellín. Capital de la región de Antioquía, Medellín es “la ciudad de la eterna primavera” para los colombianos, al menos desde el año 1826. Los “paisas”, como se conoce a los nativos, son gente hospitalaria que han hecho de esta ciudad de 2,6 millones de habitantes un centro de la música, las artes y la gastronomía, con festivales -como el “desfile de silleteros” dedicado a las flores, en agosto- que atraen a miles de visitantes. Medellín es la ciudad natal del pintor y escultor Fernando Botero, sus obras decoran parques, museos y plazas públicas. Si es la primera vez que visita Medellín, vale la pena tomar el Metro, que conecta con tres sistemas de cablecarril que permiten apreciar vistas panorámicas de la ciudad, ubicada entre cerros como El Volador, Nutibara, Pan de Azúcar y El Salvador. Para los tangueros, Medellín impone una visita a la Casa Gardeliana, donde se guardan testimonios y fotografías del cantante argentino. En el cerro Nutibara se ha reconstruido una típica aldea de Antioquía, es “el pueblito paisa”, donde no faltan restaurantes y centros de artesanías. Otros sitios para andar: el parque de Bolívar junto a la catedral de Medellín, el Jardín Botánico, el Museo de Arte Moderno y el Parque de los Pies Descalzos, un sitio para relajarse ante una taza de café, jardines zen y fuentes de agua. Un dato para los entusiastas del café colombiano es que Medellín es la puerta no oficial hacia el “paisaje cultural cafetero”, ya que ciudades como Pereira, Manizales y Armenia están cerca, con innumerables circuitos turísticos para visitar importantes haciendas cafeteras ubicadas en las alturas de la cordillera central colombiana.

7. Cali. Dominando el Valle del Cauca, la ciudad de Cali tiene la fama de ser la “capital colombiana de la salsa”, con infinidad de sitios para bailar, las “salsatecas” (versión colombiana de las discotecas) ubicadas en el Barrio Granada y en la Avenida 6 Norte, con nombres como Zaperoco, Blues Brothers, Escondite y Talberts Pub. Hay un largo calendario de fiestas, como la Feria de Cali que es tal vez el mayor festival de salsa en Latinoamérica, con carnaval en las calles, desfiles populares y bailes de máscaras.

Para los más sedentarios, Cali tiene también otros atractivos. El parque artesanal Loma de Cruz es un sitio amable, con cafés junto a un parque, ideal para comprar artesanías. En el casco histórico de Cali sobresale la Plaza de Caicedo, rodeada por la catedral y el elegante Palacio Nacional. Se han restaurado recientemente hermosas iglesias del siglo XVIII como la del Monasterio de San Francisco y la iglesia de La Merced, con un notable Museo Arqueológico y la filial en Cali del Museo del Oro colombiano. El barrio de San Antonio, con otra espléndida iglesia barroca, es la parte más antigua de Cali, donde se vive el pasado colonial de la ciudad, también es un barrio bohemio, sobre todo los fines de semana.

8. Popayán y el parque arqueológico San Agustín. En el sur de Colombia, la ruta Panamericana bordea los valles de la Cordillera Central hacia la ciudad de Popayán, que da acceso al parque nacional Puracé -el volcán Puracé de 4.646 metros se levanta al sudeste- en un entorno de montañas, el nacimiento del río Magdalena, bosques de agave y palmeras. Popayán conserva su arquitectura colonial española y sus raices indígenas, está cerca de un pueblo ubicado a 1.700 metros de altura, San Agustín, con un parque arqueológico, “el valle de las estatuas”, que se ha hecho famoso en Europa. Mochileros de todas partes vienen a San Agustín para ver cientos de esculturas de piedra, en gran tamaño, con una antigüedad estimada en 3.300 años antes de la era cristiana. Son representaciones de animales, hombres y dioses de una cultura que habría llegado desde el Amazonas. La región es ideal para los entusiastas del trekking.

Edurdo Pogoriles para el Suplemento Viajes del diario Clarín.