Buceo en el Río Corriente

Por | Luis Quijano.

Si el Paraná es un río emblemático y místico para bucear, el Río Corriente es el hermano menor y aquí se me plantea una duda ¿puede un río, dueño del cauce original del Paraná, ser su hermano menor?

La posibilidad del buceo en el Río Corriente, estaba a todas luces inmejorable, buenas lluvias y buen caudal, el río encajonado, hacen que el agua muestre toda su transparencia, y así fue.

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Partimos [desde la ciudad de Corrientes] un sábado de madrugada, tomamos la ruta 12 sur, rumbo a Mercedes, al llegar a la caminera del Pai Ubre tomamos la RP 29 y después de 60 km. de ripio llegamos, entrada la primera mañana a la Estancia El Dorado, propiedad del Sr. Carlos Sánchez, paraje El Boquerón, que nos recibió con toda su amabilidad, como a viejos amigos de la infancia.

Ya el lugar es digno de un viaje exclusivo para el descanso y sosiego, una arquitectura netamente correntina, muy bien lograda y ambientada, amplias galerías, techo de paja, con todo el confort necesario. Aire acondicionado frío/calor, TV con antena satelital, que encenderlo sería una herejía, una falta de respeto al lugar. Libros de todo tipo para satisfacer el descanso. Nada falta ni nada sobra, todo en armonía con el lugar, la comida exquisita, típica comida correntina. Al llegar del buceo, nos esperaban con chipacitos, café, chocolate, alfajores.

El lugar, que podría decir sobre el lugar, que no caiga en frases comunes, técnicamente es la naciente navegable del río Corriente, la punta sur de la Laguna Itatí, geográficamente, el baricentro de Corrientes, casi casi equidistante a todos los lugares de la provincia, pero más cerca del paraíso que cualquier otro lugar. Un guardapatio de césped recién cortado, arboles añosos, y frutales, una pareja de búhos ñacurutú como fieles custodios, el paisaje del estero al frente, los gritos y graznidos de las aves, ese olor a campo y bañado tan nuestro, tan limpio. Un paraíso en sí mismo, o una sucursal del cielo.

Nos esperaba al llegar un desayuno completísimo para comenzar una larga jornada de buceo, recargadas las baterías, iniciamos nuestra salida cerca de medio día, el primer sitio fue llegar hasta aguas abajo de la naciente del río. Yacarés, carpinchos, patos, chajás, eran los fieles testigos de la aventura que comenzaba.

Breve reseña técnica

El río Corriente es un río de llanura, característico por un sinfín de curvas (meandros), es el cauce original del río Paraná. Hace más de 10.000 años la zona sufrió un movimiento tectónico, elevando el basalto casi a flor de tierra y modificado la traza el cauce al lugar que hoy conocemos, este mismo movimiento de placas aisló el humedal del Iberá, convirtiéndolo en lo que hoy conocemos. El río tiene una buena velocidad de escurrimiento, que se puede regular buceando cerca de las orillas, la temperatura del agua oscilaba entre los 19 y 21 grados centígrados, la visibilidad es de unos 3 a 5 metros y posee una termoclina (manto de agua medianamente turbia) a 1 metro en la superficie que al superarla el panorama se aclara como que se encienden luces en el fondo, su profundidad no va más allá de los 7 a 8 metros en algunos sectores, siendo su promedio en los sectores de buceo de 5 metros el lecho es arenoso en su gran mayoría, su fondo posee cada tanto, mini barrancas de 40 a 80 cms. de desnivel. Esto no quiere decir que se vaya profundizando, sería como el perfil de un serrucho, luego de la barranca el lecho vuelve a elevarse, algo rarísimo posee también en su lecho, formaciones rocosas de piedra basáltica y también algún sedimento de arcilla roja parda, muy compacta que parecen piedras, varias veces al querer afirmarse en el lecho para no derivar tanto, pensando en una piedra, uno continua su marcha con la arcilla en la mano.

Es el río regulador por excelencia del sistema del Iberá, sus aguas poseen el 90 % del agua del ecosistema, su único aporte de agua es exclusivamente de lluvia. Contrariamente a la creencia popular, no tiene comunicación con el Paraná, ni menos con el embalse de la represa de Yacyertá, pero ¿porqué no se seca entonces?, por los embalsados, los embalsados son islas flotantes de vegetación, musgo y tierra, navegan con el viento y cuando hay época de seca estos embalsados se asientan en el fondo formando verdaderos diques naturales, el agua escurre muy poco y el sistema Iberá conserva sus aguas. Así de simple.

A bucear

Equipos listos, lancha preparada y ¡al agua! El primer día los dos buceos mostraron poca actividad. Si, muchas rayas, algunas de hasta 1 metro de diámetro, que las pasamos raudamente y si no me equivoco, alguien vio un surubí, generalmente el primer buceo se “gasta” en conocer el entorno uno le toma la mano al lugar, a la corriente, a la visibilidad y va formando su perfil de buceo, los buceos posteriores ya son más picantes, uno ya “conoce” el lugar.

Volvimos temprano y con un gusto a poco, tratando de descifrar que había pasado, una ducha tibia, un pequeño descanso reparador y ya estábamos de nuevo frente a ese paisaje maravilloso. Las anécdotas se sucedían como cataratas, las risas no paraban de sonar, un vino manso acompañaba la charla, de cena un mbaipy con gallina de campo, que repetimos varios platos y al final postre de crema con caramelo, sublime. No faltó la sobremesa con temas tan livianos como la existencia de Dios y la razón de porque estamos en esta vida.

El segundo día. Comenzamos a planificar la nueva salida, la expectativa crecía, vamos más abajo, pasemos el ranchito, probemos en el remanso hasta que a Marcelo se le ocurre la solución, naveguemos más arriba que ayer, nos anclaremos casi dentro de la laguna Itatí, con el tanque grande y como tendríamos casi una hora de buceo, estaremos cerca del ranchito al salir, ahí almorzamos, cambiamos los tanques arrancamos el nuevo buceo desde allí, perfecto, la tropa alineada y buzos al agua. Que decir, fue caer, ganar el fondo y los surubíes comenzaba a aparecer, uno, dos, tres, ocho, trece llegue a contar. Quietos, nadando, chicos, grandes, estábamos en la gloria cuando comenzaron a aparecer los sábalos, cientos de sábalos. Y por supuesto dorados, dorados y más dorados. Abajo las rayas pasaron a ser piedras en el fondo como las viejas del agua. Miles de peces alrededor, estábamos en la gloria, los surubíes ubicándose en el fondo arenoso profundo, los dorados cazando sábalos cerca de las orillas, no sabíamos para donde mirar, el río Corriente, una vez más, abrió su viejo arcón para nosotros. Luego de un tiempo nuevamente la calma, y las rayas, solo rayas, almorzamos en el ranchito y decidimos hacer la misma pasada, ya la ecuación cambió, los peces eran muy esporádicos uno que otro dorado, algún surubí solitario, y como siempre, las rayas dueñas del fondo.

Así terminó la aventura, llegamos a la estancia con la alegría a flor de piel, reafirmando la posibilidad de juntar el mismo grupo para un nuevo encuentro en el viejo río Corriente, el día se llenó de anécdotas, de historias nunca contadas de verdades infinitas, de amistades nuevas florecidas, de amistades viejas consolidadas, a los amigos reconquisteños aún les quedaba un largo camino por recorrer.

Más arriba me planteo la pregunta si el Corriente es el hermano menor del Paraná, si hablamos de números fríos como caudal, ancho, longitud, etc., etc., sí, es el menor sin dudas pero si considero lo realmente importante, su mística, su historia, su misterio, su fauna, su entorno, su “obligación” como regulador natural del sistema del Ibera, no señor, ¡jamás! El Corriente no tiene nada que envidiar al Paraná, es más, se dice que este último, todavía sueña con retornar a su viejo cauce y abrazar a su hermano.

Participantes de la 2º Expedición Iberá: Marcos Bonora, Daniel Musso, Fernando Vicentín, José Tagliarini, Luis Pozzer, Marcelo Arrua, Walter Liva, Luis Quijano.

Por | Luis Quijano.

Edición | Paraíso Dorado.