Cada vez es más difícil verlos

PARQUES NACIONALES

Animales: las figuritas más difíciles de ver en los Parques Nacionales argentinos

Aparecen en los logos de parques nacionales argentinos como símbolo de cada una de las áreas protegidas. Son emblema de las regiones de nuestro país, y algunos, como el yaguareté y la taruca tuvieron su momento de fama, desde 2018 y hasta dentro de unos meses, en los billetes de 100 y 500 pesos argentinos. En todos los casos, su existencia está más o menos amenazada en el país y en el mundo: peligro de extinción, estado crítico, de vulnerabilidad o de amenaza son también categorías en las que se agrupan.

1) Oso hormiguero

PN Impenetrable, Chaco

Su nombre en guaraní, Yurumí, significa «boca pequeña» y eso explica en parte que se alimente de hormigas y termitas, con períodos de alimentación de menos de un minuto en cada hormiguero o termitero que abandona antes de haber agotado las presas disponibles, cuando el número de «soldados» que lo pican se hace superior al de «obreros». Esto significa que un oso hormiguero necesita visitar, cada día, muchos lugares de alimentación.

Pariente de armadillos y perezosos, se trata de la mayor especie viviente de su familia y se lo puede ver entre Belice, sur de México y el norte argentino y litoral argentino donde se lleva adelante el Proyecto Iberá con el objetivo de devolver la presencia de este mamífero a la región de los Esteros de Iberá y áreas limítrofes.

Sus patas tienen dedos con uñas fuertes con pulgares que apuntan hacia atrás y funcionan como una púa que usan como única arma contra otros predadores como el puma o el yaguareté. En caso de ataque, el oso abraza al felino clavándole los pulgares, y el felino, al tratar de sacárselos hace fuerza para escapar, pero lo único que consigue es que los pulgares se le claven aún más profundamente, de modo que ambos animales mueren abrazados. Sin embargo, el enemigo real del oso hormiguero no parecen ser sus predadores naturales, sino la pérdida del hábitat, la caza, el atropellamiento en rutas y, en el caso de las reservas, los grandes incendios.

2) Tapir

PN El Rey, Salta

Grandes nadadores y buceadores, también se mueven con velocidad en tierra. Durante el día recorren lugares más escondidos y cuando cae el sol, se van hacia zonas más abiertas como matorrales o pastizales, ríos y lagunas. El tapir es el mayor herbívoro terrestre de Argentina y nativo del norte de nuestro país y se lo encuentra en selvas, espinales y humedales de América del sur.

Una de sus particularidades es que se adaptan fácilmente a nuevos ambientes y dietas, son «gauchitos» y por eso es posible relocalizarlos con éxito. Sin embargo, esta posibilidad no los salva de entrar en la categoría de especie o en peligro de extinción en Argentina donde su área de distribución se redujo en un 50 % en los últimos años.

3) Yaguareté

PN Baritú, Salta

Su tamaño y su rugir lo hacen temible y su pelo brillante y su parecido con el leopardo le dan cierta elegancia y es esa combinación la que los hace particularmente atractivo. ¿Cómo distinguimos al mayor felino de América y el tercero del mundo después del tigre y el león de un leopardo? Ambas especies tienen rosetas en su pelaje, pero las del yaguareté tienen dentro uno o más puntos negros, mientras que las del leopardo no. De hecho, la forma y distribución de esas rosetas o manchas son distintas en cada ejemplar y eso permite identificar a cada individuo, casi de la misma manera en la que es posible reconocer a las personas al analizar sus huellas digitales.

Basta con mirar un mapa de distribución del yaguareté en América del Sur para darse cuenta de que su situación en nuestro país es realmente crítica: se estima que en Argentina quedan menos de 250 ejemplares repartidos en las yungas de Salta y Jujuy, Misiones y el Chaco central. Desde el año 2000, Red Yaguareté, fundación sin fines de lucro que nació para salvar al Yaguareté de la extinción en la Argentina, ya tiene más de 50 ejemplares identificados con cámaras trampa en las yungas y en Misiones.

4) Aguará Guazú

PN Pilcomayo, Formosa

De andar desgarbado, patas largas, crin negra y particular pelaje rojizo, este solitario animal no es ni un zorro ni un lobo – aunque su nombre en guaraní signifique zorro grande -. Durante los meses de reproducción se pueden oír los gritos de machos y hembras comunicándose a la distancia.

Se trata de una especie única dentro de su género (Chrysocyon), el cánido de mayor tamaño de Sudamérica que habita en cinco países: Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú y Uruguay. En la Argentina se distribuye en las provincias de Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Entre ríos, Santa Fe, Santiago del Estero y Córdoba.

Como el tapir, tiene gran capacidad de adaptación para habitar en ambientes diferentes ya que sus hábitos omnívoros le permiten variar su dieta según la disponibilidad de alimento. Cuando abundan las presas consume pequeños roedores, anfibios, aves, reptiles e insectos; en épocas de escasez, su dieta se compone en gran parte de frutos y hierbas.

Se conoce muy poco sobre la cantidad de ejemplares silvestres que hay en nuestro país. El último censo estimó una población menor a mil individuos y la convivencia con animales domésticos como perros y sus enfermedades -como la rabia y el parvovirus-, por falta de ambiente exclusivo, se presentó como una nueva amenaza.

5) Huemul

PN Glaciares y PN Perito Moreno, Santa Cruz

En el imaginario colectivo sigue apareciendo la figura de Bambi, el indefenso personaje de Disney, cada vez que se habla de casi cualquier tipo de ciervo y más cuando se trata de animales que habitan en la Patagonia, donde dicen, se inspiraron para crear los escenarios de la película. Sin embargo, Bambi no era un huemul.

Shoam para los tehuelches güemul para los araucanos, el huemul es junto con el pudú, una de las especies de cérvidos autóctonos que habitan sólo en los bosques de la Patagonia argentina y chilena. Suele vivir en grupos reducidos, compuestos generalmente por un macho, una hembra con sus crías. La última estimación menciona unos 1500 ejemplares entre los dos países, cifra que lo coloca en serio peligro de extinción. Declarado monumento natural junto con la taruca en 1996, el hippocamelus bisulcus enfrenta diferentes problemas de conservación. Por eso, desde el año 1992, la Administración de Parques Nacionales cuenta con un programa específico para proteger al huemul en todos los parques nacionales donde habita. En este marco, en 2016, el programa logró colocar un collar satelital en una hembra. Esto sirvió para conocer, entre otras cosas, cuál es el área en que se mueve, cómo son sus movimientos estacionales y qué hábitats. Apodada Esperanza, la última vez que se vio a la hembra capturada, estaba junto a su cría; su nombre fue quizás premonitorio.

6) Pudú

PN Los Alerces, Chubut

Pudu puda es el ciervo más pequeño del mundo, endémico de la Patagonia. En este caso, su aspecto físico no nos recuerda a Bambi ni tampoco a cualquier otra imagen mental que tengamos de un ciervo.

En la Argentina, su presencia se extiende desde el suroeste de Neuquén hasta el suroeste de Santa Cruz. el área de mayor concentración parecería ser la zona oeste de los lagos Epulafquen, Carilafquen y Curruhué.

7) Chancho quimilero

PN Copo, Santiago del Estero

Esta especie de pecarí se alimenta principalmente de las partes carnosas de cactáceas, en especial del «quimil», un cactus muy común en la zona chaqueña y por el que recibe su nombre en Argentina. En Paraguay y Bolivia, países en los que también habita, se lo conoce Taguá Jabalí solitario. Otros apodos que recibe son pecarí del Chaco, jabalí orejudo, chancho moro o collarejo.

Por varias décadas fue considerada una especie extinta, hasta que a principios de la década del 70 el zoólogo Ralph Wetzel, encontró ejemplares vivos en el Chaco paraguayo. Lo más cercano a este animal con tantos apodos que hemos visto es Pumba, el amigo de Simba, en El Rey León. Si bien todos confunden a Pumba con un jabalí, en realidad es un facócero, animal exclusivo de África que nada tiene que ver con esta especie endémica de la región del Chaco.

El quimilero es el más grande en tamaño de su familia (llega a tener una longitud promedio de 1,1 m.), su pelo de cerdas es generalmente de color marrón o gris y se diferencian de otras especies de pecaríes por tener orejas, hocicos y colas más largos. Cuando se ponen nervioso o se asustan, huye y levanta los pelos de su espalda. Mientras escapa, rocía secreciones de sus glándulas dorsales que envía una señal para que otros pecaríes mantengan unido al grupo y formen una barrera. Hoy se calcula que hay todavía algunos miles de individuos de esta especie, pero no se tiene precisión.

8) Huillín

PN Nahuel Huapi, Neuquén y Río Negro

Los principales enemigos de esta especie de nutria de pelo aterciopelado color café propia de la Patagonia, son la destrucción de los bosques y la contaminación de los ríos y es probablemente la nutria con menor área de distribución del mundo.

También conocida como gato o nutria de río, habita ambientes marinos y de agua dulce del sur de Chile y algunos territorios aislados de Argentina y, a diferencia de otras nutrias que se alimentan de peces, ésta escarba el fondo de los ríos y las orillas con sus patas delanteras en busca de camarones, cangrejos y otros crustáceos. Entra la vegetación de las orillas tienen además sus madrigueras donde descansan y protegen a sus crías cuando son recién nacidas.

9) Taruca

Monumento Natural

Es un animal muy tímido, trepador, que rehúye más de la presencia humana que los huemules, aunque es probable que este comportamiento se deba a la caza. Le dicen » huemul del norte» y suele andar en grupos de entre dos y veinte ejemplares por los faldeos de los Andes desde Perú hasta el noroeste argentino.

Tarucas, endémicas del Norte, y huemules, de la Patagonia, son cérvidos de la cordillera, pero no se visitan entre sí. Y si bien ambos fueron declarados Monumento Natural en 1996, el primero tiene mucho menos prensa que su pariente austral. Sin embargo, el BCRA pensó en la taruca para el reverso de los billetes de $100 que se emitieron en 2018 y serán reemplazados durante el 2020.

La taruca habita las zonas montañosas de Perú, el extremo norte de Chile, el oeste de Bolivia y el noroeste de Argentina, donde se ha registrado su presencia en La Rioja, Catamarca, Jujuy, Salta y Tucumán. Se adapta a zonas de clima, pero prefiere los faldeos rocosos pobres en vegetación de las sierras subandinas, donde llega a alturas de entre 3.300 y 5.000 metros, sin incursionar en la puna.

El parque central para la especie es el PN Campo de los Alisos, en Tucumán, donde desde 2011 se viene trabajando en un programa de censos y relevamiento poblacional por genética para estimar cuántos animales hay, si la población es muy endogámica o no, a través del análisis de sus deposiciones. Se estima que su población mundial es de entre 12.000 y 17.000 individuos (pero en Bolivia y Argentina los ejemplares adultos podrían no llegar a 2.000).

De yapa.

Puma

Su figura elegante no aparece en el logo de ningún Parque Nacional, pero es el Rey León del PN Patagonia, en Santa Cruz. El puma, predador tope de las mesetas australes, está siendo monitoreado por expertos de Rewilding Argentina para que cumpla con su rol ecológico de regular todo el ecosistema y sea el eje de futuros avistajes como propuesta de turismo sustentable.

Son ninjas: sigilosos, mimetizados con los cañadones, asoman apenas las orejas detrás de una piedra o de un coirón cuando perciben la presencia humana.

Hay seis ejemplares, dos de ellos hembras, que están siendo rastrillados con collares satelitales para saber a diario su ubicación y comportamiento. Los biólogos quieren probarles a los estancieros que el sistema está armoniosamente regulado con su presencia, que n o son plaga y que se los puede mantener lejos de las ovejas con tres acciones: perros pastores, la conservación del guanaco como alimento y la instalación de luces con sensores de movimiento.

Los pumas viven unos 12 años y se desplazan 150 km por semana en busca de alimento. Se mueven en áreas enormes, de entre 10.000 y 20.000 hectáreas.

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