El 86% de la gente está dispuesta a cambiar hábitos de consumo por el medio ambiente

El 86% de la gente está dispuesta a cambiar hábitos de consumo por el medio ambiente

Surge de un sondeo en el país. Según expertos, hay cambios fuertes cuando  se vuelve más barato y cómodo ser ecológico.

Cuando se les pregunta a los argentinos en una encuesta sobre medio ambiente si están dispuestos a cambiar algunos hábitos de consumo, la respuesta no deja dudas: casi nueve de cada diez manifiestan que sí. Sin embargo, los especialistas advierten que las personas suelen necesitar una motivación extra para pasar a los hechos. Acercarles las herramientas para llevar a cabo la conducta deseada o recibir un castigo económico por no cumplir son los dos caminos por los que la gente empezaría a reaccionar.

El sondeo fue realizado en Capital, el GBA y grandes ciudades del país por TrialPanel. Además de revelar, por ejemplo, que el 86% está dispuesto a bajar el consumo de energía eléctrica, el 62% afirma que la sociedad en general es poco cuidadosa con el medio ambiente. Sin embargo, en lo personal el 94% se considera entre algo y muy cuidadoso.

“Los cambios por conciencia suelen ser menores. En general, las modificaciones en el comportamiento se dan a gran escala cuando impactan en el bolsillo de la gente o se les facilita hábitos beneficiosos para el ambiente”, explica a Clarín Tais Gadea Lara, especialista en el tema y directora del sitio Conexión Coral. Fabiana Gennari, investigadora principal del Conicet y experta en energías alternativas, coincide: “Un incremento en el costo de las tarifas puede repercutir en la sociedad y propiciar una variación de la conducta”.

De a poco se empiezan a notar en algunos rubros, como el consumo de agua, luz y la disposición de la basura, ciertos cambios. Según datos de Aysa, los usuarios residenciales medidos que viven en casas (el 12% del total) pasaron de gastar 72,71 metros cúbicos de agua en el primer bimestre de 2014 a 70,25 en el primero de 2016. En el tercero, de 64,31 a 62,96, y en el sexto, de 64,05 a 60,95.

En el caso de la luz, el uso sigue creciendo aunque en menor proporción, según Edesur. “Desde el 2010, el consumo residencial subía en promedio 5,7% por año, mientras que sólo aumentaba un 0,6% la cantidad de usuarios. En el último período medido (2016 en relación a 2015) el incremento fue menor: 2,5%. Y la cantidad de nuevos usuarios resultó mayor: 1.2%”, precisaron desde la prestadora.

“En algunos rubros se están dando ahorros incipientes. Aunque culturalmente nos falta mucho para incorporar hábitos de uso responsable”, explica Andrea Heins, subsecretaria de Ahorro y Eficiencia Energética del Ministerio de Energía y Minería de la Nación. Las dificultades más grandes, según la funcionaria, se registran en la calefacción y climatización de los ambientes: “Para mejorar hay que lograr que las construcciones sean más efectivas para mantener el frío o el calor; atender a la eficiencia energética del equipamiento elegido y trabajar sobre los hábitos de la gente, con concientización y educación desde las escuelas”. Por último, suma que “en el corto plazo la sociedad reacciona cuando lo siente en el bolsillo. La prohibición es otra forma: pasó con las lámparas incandescentes. Estamos mejor porque no se consiguen más”.

La situación con la basura varía entre Ciudad y GBA, según datos de la Ceamse. En Capital, la cantidad de residuos dispuestos pasó de 2.086.740 toneladas en 2010 a 1.094.708 en 2016. Se redujo casi a la mitad. Voceros de la Ceamse sostienen que esto tiene que ver con que “aumentó el reciclaje en Capital”. Desde Espacio Público porteño confirmaron el incremento de lo recolectado en puntos verdes: en 2015 se juntaban 450 toneladas por mes y hoy unas 725.

En la gran mayoría de los partidos del GBA ocurrió lo contrario con la basura. En Berazategui, por ejemplo, los residuos eran de 61.653 toneladas en 2010. Seis años después, se alcanzaron las 84.352. Comparando los mismos períodos: en Lomas de Zamora pasaron de 200.327 a 286.619. En La Matanza, de 447.471 a 581.857 y en San Isidro, de 197.946 a 212.376.

Según Gadea Lara, esto está relacionado con que en Provincia recién se están ofreciendo herramientas para la separación de residuos en origen, algo que sucede en Capital desde hace años.

“Le propuse a mi novio tener las dos bolsas y a él le daba fiaca”

Martina Bondone (28), que es vecina de Núñez, siempre se preocupó por el cuidado del medio ambiente. “Mi hermano es veterinario y trabaja en la Reserva Ecológica de Costanera Sur en temas de fauna y vida silvestre. Él fue generando conciencia en todos los miembros de mi familia: nos enseñó a cuidar el agua al enjuagar los platos o al lavarnos los dientes. También, a apagar las luces cuando no estamos en los ambientes y a separar los residuos, entre otras cosas”, explica Martina. Hace un año se fue a vivir con su pareja y se encontró con que él no estaba tan entusiasmado con continuar por ese camino que para ella se había vuelto normal. “Yo seguía con el plan de reciclar los residuos y le propuse a mi novio tener las dos bolsas. Al principio me dijo que no, que le daba fiaca. Por suerte, al mes de la mudanza pusieron los dos tachos en el edificio y eso me facilitó el tema a nivel convivencia, porque no le quedó otra que empezar a hacerlo”, agrega Martina, que dice que nota que sus vecinos se adaptaron al cambio y que ahora también ellos decidieron separar la basura.

“Invertimos en lámparas led, logramos reducir un montón”

Cuidar la energía tuvo que ver en el caso de Josefina Bonifetto (28), de Belgrano, con el aumento de la tarifa de luz. Lo que a su vez derivó en hábitos más compatibles con el medio ambiente. Según le cuenta a Clarín, vive junto a su pareja y sus dos hijos en una casa que tiene todo eléctrico y con la primera actualización del servicio se sorprendió para mal. “Anulamos el gas por lo que dependemos de la electricidad para calentar el agua, cocinar y calefaccionar los ambientes. La factura de octubre/noviembre del año pasado nos vino con un 600% de incremento. Pasamos a pagar más de 3.000 pesos”, explica Josefina. En estos meses hizo todo lo posible para revertir esta situación y logró bajar a la mitad la tarifa. “Con mi marido invertimos en lámparas led, que son bastante más caras, y eso nos redujo un montón. Además, pudimos disminuir el consumo de los aires acondicionados. Durante el verano, aprovechamos la pelopincho para refrescarnos y prendimos el aire sólo cuando era necesario. Ahora que hace frío, la idea es seguir con el plan de ahorro”, resume Josefina.

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