La nueva normalidad que necesita el turismo

Turismo

El planteo de una estrategia clara para revitalizar el turismo por parte del Gobierno nacional es tan imprescindible como urgente.

Desde hace meses, el turismo agoniza y está sumergido en una incertidumbre absoluta. Durante el segundo trimestre de 2020, Argentina registró una caída del 95,5% en el turismo interno y, por ende, en los ingresos generados por el sector en comparación con el año anterior, según los últimos datos del Ministerio de Turismo y Deportes.

Estas cifras forman parte de la trágica herencia que nos deja el COVID-19, pero también resultan de la falta de respuestas. Hace ya más de 200 días, el sector está atravesando una crisis sin precedentes: fronteras cerradas, aviones sin vuelos y hoteles sin huéspedes forman parte de las tristes postales de nuestro país. Como si fuera poco, estamos viviendo en ciudades amuralladas, un anacronismo muy peligroso, agravado por la falta de planificación y propuestas concretas para asegurar, al menos, la supervivencia del sector.

Sabemos que la pandemia es universal pero las políticas deben ser nacionales. El planteo de una estrategia clara para revitalizar el turismo por parte del Gobierno nacional es tan imprescindible como urgente. Hasta el momento, los anuncios son muy vagos, están en un plano de voluntarismo, pero no de concreción. Es necesario plantear un rumbo que se sostenga a partir de una capacidad de gestión consistente.

En la crisis económica actual, la pérdida de empleos tradicionales se va a acelerar. Frente a esta situación, el sector turístico tiene el potencial necesario para generar progreso y divisas. Los censos nacionales confirman que las ciudades que tienen mayor actividad turística son las que más crecen.El ámbito genera 1.2 millones de puestos de trabajo en nuestro país. Sin políticas que dejen en claro cómo sostenerlos, se pueden perder casi 800 mil empleos, una irracionalidad imperdonable.

Esta hipótesis se funda en una mirada realista y datos concretos: en la actualidad, hay una caída del 98% en los viajeros hospedados residentes, así como una baja del empleo del 7% en el sector. De ese total, 4,6% son puestos de trabajo directos en ramas características de turismo y 2,4% son asalariados registrados en hoteles y restaurantes, según datos oficiales sobre la variación interanual en el último trimestre.

Frente a esta desolada radiografía, el aislamiento y el encierro no pueden seguir siendo la respuesta: sin viajes no hay turismo. Es uno de los temas más urgentes que debe estar en agenda durante los próximos meses. Es una actividad irremplazable en términos económicos y por eso es necesario empezar por plantear una temporada de primavera de forma interna. Hoy nadie está pensando en reactivar la actividad turística con un sentido razonable. Más que nunca, es urgente generar un detallado protocolo de tránsito por la república, contemplando y cumpliendo todas las medidas sanitarias necesarias, pero que nos permita ejercer el derecho de movernos libremente por nuestro país.

Necesitamos un criterio homogéneo que permita el movimiento interjurisdiccional en esta etapa previa al verano, para poder evaluar de manera progresiva cómo ponerlo en marcha. Debe haber límites claros respecto a las condiciones sanitarias y los cupos correspondientes, con el objetivo de evitar desbordes y concentraciones masivas, brindando a los ciudadanos las normativas necesarias para que puedan seguir cuidándose de la misma manera que lo hacen en los lugares donde viven.

En la actualidad, somos el único país que no tiene vuelos de cabotaje. Debemos tener en claro que en los viajes no sólo se traslada el turista sino también el ciudadano. En un contexto donde el 80% de los casos de coronavirus se cursan de forma asintomática, debemos aprender a convivir con la “nueva normalidad”. Por parte del Gobierno, es menester que realmente gestionen la crisis hasta que se desarrolle la vacuna que permita desactivar el virus.

De este contexto complejo no se sale con aislamiento sino con cooperación, integración y razonabilidad. El miedo no es la solución. En Argentina tenemos que generar paz social y eso se logra con empleo, donde el turismo es una actividad clave para hacerlo posible. Necesitamos que el Estado brinde herramientas y soluciones concretas para el sector, ayudando a que la reconstrucción del turismo argentino sea una realidad.

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