La Ruta del Oro, el esplendor de Brasil

Historia, cultura, tradición son el tesoro más preciado del país más grande de Sudamérica. La Ruta del Oro muestra un Brasil colonial con ricos testimonios de una época dorada.
Ouro Preto
Ouro Preto es una de las principales ciudades en la Ruta del Oro.

El estado de Minas Gerais es el eje desde donde se abren los caminos que permitieron el desarrollo de la vida durante el período colonial en esa región de Brasil. El oro y las piedras preciosas motivaron una febril actividad minera que redundó en el desarrollo económico, social y cultural de la región.

La Tierra es prolífica en sus suelos fértiles y dadivosos. Su generosidad ilimitada, no siempre bien comprendida, fue motivo de congregación de gente interesada en obtener sus beneficios. A esa historia de pujanza económica le corresponde la contracara del sufrimiento y los sacrificios de los menos pudientes. Así, los testimonios de esa opulencia permanecen como baluartes frente al paso del tiempo, sólo para recordar que aún hay una historia que late.

Ouro Preto, Congonhas, Mariana, Tiradentes y Sao Joao del Rei tienen un pasado en común. Las secuelas de ese tiempo pretérito que parecía ser perfecto, tenía su origen en una actividad minera desbordante. Sin embargo, el saber popular es otra vez el mejor maestro cuando asegura que no todo lo que brilla es oro.

Fundada en el siglo XVIII, nacida como Vila Rica do Pilar, conocida más tarde como Vila Rica do Albuquerque, la ciudad de Ouro Preto es una de las más importantes del Estado de Mina Gerais. Su papel fue fundamental en el desarrollo del Brasil de aquel entonces, y en la actualidad es una de las joyas más buscadas por el turismo cultural. Sus características arquitectónicas le valieron el reconocimiento como Ciudad Monumento Nacional en 1933, y más tarde, en 1980, la declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad, de la UNESCO.

Sus calles adoquinadas, sus casas apiñadas a los pies de las sierras que sirvieron de alimento a la industria minera, y el estilo recargado de las fachadas que se refleja en los principales edificios, como el Teatro Ópera que es el más antiguo de Sudamérica, el Museo de la Inconfidencia, el Palacio de los Gobernadores, y especialmente en las iglesias –que las hay, y muchas-, son parte de la identidad de Ouro Preto.

Es una ciudad universitaria con abundante actividad cultural por lo cual el hormigueo es constante, y el movimiento turístico encuentra motivos suficientes para visitarla en cualquier momento. Entre los principales eventos se destacan el Festival de Invierno, el Forum de las Artes en el mes de julio, y el Forum de las Letras, en el mes de noviembre.

Muchas de las construcciones que conforman la identidad de Ouro Preto, tienen el sello de su máximo exponente, el escultor Antonio Francisco Lisboa, conocido como Aleijadinho, que a causa de una enfermedad degenerativa, terminó en la pobreza. Su arte puede identificarse en púlpitos, altares y adornos de las iglesias como la de San Francisco de Asís, Nuestra Señora del Pilar –para decorarla se necesitaron 400 kilos de oro y plata en polvo- y la de Nossa Senhora do Carmo, son algunos de los templos más emblemáticos.

Como parte de la Ruta del Oro, una auténtica pepita es la Basílica del Senhor Bom Jesus de Matosinhos. Fue construida en 1790. Tiene un atrio con estatuas de los 12 apóstoles realizadas con piedra jabón, y escenas de la Pasión de Cristo que fueron también obra del emblemático artista. Se encuentra en Congonhas, a 53 kms de Ouro Preto.

A la historia de la región se llega directamente y profundamente a través de carritos mineros. Estos carros conducen a través de 315 metros al interior de la Mina de Passagem, en la localidad de Mariana. Es el mejor pasaporte para conocer la actividad que se desarrolló febrilmente en esa parte de Brasil entre 1695 y 1800 en la cual llegaron a emplearse alrededor de 35 mil esclavos. Además de visitar el hueco hacia el interior de la tierra, se puede visitar el Museo que contiene piezas utilizadas durante la época de extracción del preciado metal.

Los 15 kilómetros que separan a Mariana (la ciudad con mayor producción de oro del siglo XVIII) de Ouro Preto pueden hacerse en un pintoresco tren. Además de la mina, se encuentra la Catedral Basílica da Sé, inaugurada en 1760. Su ornamentación, trabajos en tallas y pinturas, arrancan profundos signos de admiración.

Sao Joao do Rei es otra de las escalas en la Ruta del Oro. Como en los otros poblados, también la arquitectura que habita en sus construcciones conforma su invaluable riqueza patrimonial. Las iglesias, una vez más, sorprenden con su grandeza. En su núcleo histórico se encuentran el museo del ex presidente brasilero, Tancredo Neves, la Catedral de Nossa Senhora do Pilar, y palacios con fachadas densamente adornadas.

También se puede llegar en tren a Tiradentes, y lo que se encontrará allí es una réplica de la atmósfera de las otras ciudades de la región. Calles adoquinadas, rebuscados caserones, característicos techos de tejas, iglesias barrocas. Tan similar y tan única como el resto. La oferta se complementa con eventos culturales como la Muestra de Cine de Tiradentes y su festival gastronómico.

En Diamantina, otra de las ciudades que estaba en la ruta del metal, se puede visitar la Casa de Chica da Silva, una mujer esclava que pasó a formar parte de la alta sociedad brasilera. También se destaca Passadisco Casa da Gloria, la casa más antigua de la corona. Su centro histórico está reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Mina Gerais es un destino que resplandece con los brillos de otras épocas, que propone un viaje a las raíces, a la historia, a la cultura y a la identidad de una región de Brasil que encanta tanto como sus playas y su gastronomía. La Ruta del Oro es una puerta abierta ineludible para los buscadores de tesoros.

Texto: Verónica Luna

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